FAMILIA DISFUNCIONAL: Rompiendo las cadenas

Familia disfuncional: rompiendo las cadenas.

-En honor a mis hijos: Danna, Darla, Adrián.❤-

En las familias disfuncionales los hijos se vuelven el blanco de la agresión de sus padres, pues no se permite el espacio físico ni psicológico individual de los miembros. Toda relación de este tipo cae en círculos viciosos donde no hay ayuda del exterior.

En una familia disfuncional, cuando alguno de los miembros tiene un conflicto, se esconde tanto dentro del sistema como fuera de él, y todos los miembros de la familia actúan como “si no pasara nada”.

Los padres tóxicos crean familias disfuncionales que se definen por cuatro características:

-Amalgamiento de la familia:

Amalgamar significa entremezclar, simbiotizar. Esta característica es contraria a la individualidad. Una familia amalgamada es una familia en donde no existe respeto al individuo y los padres pueden meterse en la vida de los hijos, decidiéndolo todo. Es exactamente lo contrario de “confiar y dejar vivir en plenitud”.

Este patrón de conducta disfuncional impide la formación de una personalidad sana, ya que inhibe el espacio vital físico, psicológico y espiritual de una persona. El concepto de “estar juntos” no por gusto, sino por obligación, es diferente al concepto de una familia unida, donde existe apoyo y respeto a las necesidades individuales.

El otro extremo, disfuncional también, es la indiferencia, que también es dañina.Suele manifestarse en los polos opuestos: estratos sociales muy bajos o muy altos. No hay contacto emocional, ya sea por el exceso de trabajo y las carencias económicas, o por la gran cantidad de “vida social” y eventos en los que se ve inmersa la familia. Rigidez.

Consiste en el establecimiento de reglas que no admiten posibilidad de cambio y que se establecen de forma arbitraria para todos los miembros de la familia, exceptuando tal vez a quien las impuso.

Algunas de las consecuencias de la rigidez son la rebeldía contra todo y contra todos, la frustración, el resentimiento y la incapacidad de elaborar un criterio elástico de acuerdo con las circunstancias. Debemos pensar que los hijos soncomo los dedos de una mano, los cuales, a pesar de pertenecer a la misma extremidad, son diferentes entre sí, por lo que sería absurdo pretender que un mismo anillo les quedara a todos. A uno le quedaría bien, a otro no le entraría y a otro más le quedaría flojo.

El extremo contrario, patológico por lo mismo, es la falta de límites, que es destructiva, pues no existe ningún tipo de contención emocional y, por lo tanto, en un hijo genera la sensación de no ser contenido ni protegido.

Sobreprotección:

Consiste en generar dependencia y terminar por lisiar emocionalmente a una persona. La sobreprotección es la equívoca actitud de pretender resolver todos los problemas del sistema familiar.

Es terrible rescatar a un hijo de cualquier contratiempo y estar sobre de él todo el tiempo, indicándole lo que debe o no debe hacer, quitándole la oportunidad de aprender a resolver sus problemas por sí mismo por medio de sus experiencias agradables (aciertos) y negativas (errores), y a bastarse con sus propios recursos sin depender de los padres.

Esta actitud brinda al padre o la madre “ganancias secundarias”, que consisten en la necesidad de sentirse útiles, necesidad que satisfacen mientras el hijo depende de ellos. Así controlan su vida, aun en la edad adulta.

Este patrón disfuncional impide que el ser humano se desarrolle en su totalidad, limita sus experiencias, el incremento de la capacidad intelectual, de la autoestima; fomenta la inseguridad ante la vida y los problemas; inhibe el instinto de agresión, necesario para saber luchar, defenderse y competir.

Todo lo anterior genera miedo y una gran sensación de inadecuación en el mundo. Sentir que no existe la posibilidad de sobrevivir por uno mismo en el mundo. El polo opuesto es “soltar totalmente” a un hijo, dejarlo sin las herramientas necesarias para defenderse en el mundo.

-Evasión del conflicto:

Es la más importante, ya que esta característica es la más dañina, al grado que, aun existiendo las otras características, si la familia pudiera hablar de lo que siente, discutir su problemática y tener comunicación emocional sin restricciones verbales, esta familia podría relacionarse de manera sana.

Una familia que evita el conflicto, donde no existen enfrentamientos y no se habla de las situaciones dolorosas ni se ventilan los problemas reales, genera una carga emocional que se convierte en una bomba de tiempo, que termina por explotar en el momento menos esperado. Es como si hubiera un rinoceronte en la sala, todos viven la tensión de su existencia, pero nadie habla de ello.

Se vive con gran tensión, pero todos actúan como si “todo estuviera bien”. Se habla de temas intrascendentes, o se vive un gran silencio, pero nadie se atreve a manifestar lo que está amenazando la integridad de la familia. Todos fingen no ver al rinoceronte. No hablar de los problemas profundos, de los secretos, del dolor emocional porque al acortarse la comunicación se evita la intimidad es la consecuencia de miembros familiares que son ajenos y extraños entre sí. Es común que los conflictos se evadan con televisión, con videojuegos, o hablando de la vida de los demás, y no de la problemática que se está viviendo en casa.

En este tipo de familia, cuando un niño pregunta la verdad sobre “el dragón”, todos le ocultan la verdad, y con ello aprende a evadir y negar la realidad. Ese niño generara la creencia de: “Mi percepción acerca de la realidad está equivocada”. Aprende a ignorar la realidad o a buscar soluciones con bases falsas o irreales.

El extremo de esta característica es el cinismo. Mencionar los temas con crudeza y sin empatía, sin deseo verdadero de buscar una solución o sin tomar en cuenta la edad de los hijos, dándoles información que no pueden manejar. El proceso de crear nuestra individualidad e ir separándonos de los padres alcanza su pico más alto en la adolescencia, cuando confrontamos los valores, los gustos y la autoridad parental. Se trata de un proceso normal y natural.

En una familia estable, los padres permiten que sus hijos elijan paulatinamente su propio camino y toleran la ansiedad de que “no siempre cumplan las propias expectativas”.

Los padres fomentan que el adolescente vaya “encontrando su camino en el mundo” y propician su autonomía. Los padres entienden la magnitud de la crisisde la adolescencia, brindan apoyo y estabilidad emocional con límites razonables y congruentes para la edad de sus hijos. Los padres tóxicos no son tan tolerantes.

Ellos perciben el proceso de adquisición de individualidad y autonomía de los hijos como una rebelión y un ataque personal; por lo tanto, responden al proceso de búsqueda de identidad e individualidad de los hijos de manera negativa, refuerzan su dependencia, minimizándolos, humillándolos y sometiéndolos, causando en ellos sentimientos destructivos y dolorosos. Los padres lo hacen creyendo que es lo mejor para sus hijos, justifican que están “forjando un carácter” o “enseñando a lidiar con la realidad de la vida”.

Sin embargo, esta constante represión es un arsenal de sentimientos negativos, una constante amenaza a la autoestima de sus hijos y un sabotaje permanente al proceso natural y sano de independencia e identidad propia. No importa cuánta razón crean que tienen este tipo de padres tóxicos, el yo de sus hijos se lastima, propiciando en ellos relaciones enfermizas y destructivas.

De este modo, el hijo de padres tóxicos está a merced de su yugo, no puede liberarse del “dios antiguo que todo lo decide” y pierde la esperanza de construir por sí mismo una vida mejor.

El hijo de padres tóxicos aprende que cualquier intento de autonomía será interpretado como una falta grave y existirá una reprimenda importante, de manera que acaba sometiéndose a los deseos de sus padres, o bien, rebelándose contra ellos de manera tóxica y autodestructiva.

El miedo constante a la represalia se arraiga en el cuerpo, en el alma del niño. Ante cada situación de conflicto, aun cuando el niño se haya convertido en un adulto, lo paralizará y lo llevará a enfrentarlo de manera patológica. El miedo es el principal legado de un padre tóxico.

Conforme la autoestima del niño disminuye, su dependencia emocional aumenta, y con ella, su creencia de que no puede sobrevivir solo en el mundo. Por desgracia, como las conductas enfermizas de los padres se mezclan con el amor y la sensación de lealtad que los hijos tenemos hacia ellos, en el fondo como niños y adolescentes, necesitamos justificar a nuestros padres y asumimos la responsabilidad de su comportamiento, a pesar de que sus acciones sean destructivas e irracionales.

No importa cuán tóxico sea un padre, el niño necesita defenderlo. A pesar de que a cierto nivel, el niño entienda que su padre se está equivocando, lo justificará o actuará “como si no hubiera pasado nada”.

Los hijos de padres tóxicos crecemos con estas dos doctrinas: No valgo, no soy lo suficientemente bueno. Soy débil, fracasaré y nunca lograré que mis padres estén orgullosos de mí. Estas creencias son tan poderosas que se mantienen en el interior, aun cuando la edad adulta haya llegado. Están tan internalizadas que difícilmente el hijo de padres tóxicos podrá vivir con plenitud su edad adulta, su madurez, sin restricciones y sin trabas emocionales.

He conocido varios padres y madres que solicitan “terapia para sus hijos”, y no reconocen que son ellos quienes la necesitan. Hoy en día es poco común que acepte a un adolescente en terapia pues, tristemente, cuando son parte de un sistema familiar disfuncional, los padres esperan que el proceso terapéutico oriente la voluntad, la individualidad y el desarrollo de la personalidad de su hijo hacia lo que los padres han planeado para él. No quieren que él sea capaz de tomar sus propias decisiones o que tenga la capacidad de estar en desacuerdo con la voluntad de sus padres.

Muchos padres siguen actuando como adolescentes y creen que pueden educar a otros adolescentes. Actúan de manera egoísta, manipuladora y, generalmente buscan sus intereses y no los de sus hijos.

Estos padres responsabilizan a sus hijos de su propia infelicidad y esta carga puede ser insoportable para un hijo. Un padre tóxico no acepta la individualidad y el libre albedrío de su hijo, aunque haya alcanzado la edad adulta, sino que busca manipularlo y castrarlo emocionalmente para que cumpla con el proyecto de vida que había generado para él.

No es justo que un hijo cargue con la inmadurez, la irresponsabilidad y el egoísmo de un padre; pero que sea injusto no lo hace imposible, y esto es lo que sucede en las familias tóxicas. Los hijos cargan con el legado de culpa, miedo y dolor que les han inculcado sus padres. Cargan con las creencias que no pueden ni merecen ser felices y que el sometimiento es parte inevitable de la vida.

Es importante aclarar que ningún hijo es responsable de la infelicidad de un padre, no tiene por qué asumir como propios los errores de los demás y no tiene que seguir justificando que sus padres le hayan hecho la vida miserable. Todos los padres pueden ser deficientes de vez en cuando.

– Rompiendo las cadenas

La única manera de intentar ser mejores padres para nuestros hijos, es reconocer a tiempo los patrones repetitivos que afectarán a nuestros hijos, mismos patrones que nos afectaron a los adultos, y a su vez afectaron a nuestros padres. La introspección, el autoánalisis, y el aceptar dichos patrones y errores en nosotros nos harán entender que nuestros hijos no merecen cargar con dichos problemas.

Al detectar y romper con estos patrones creces como persona, aprendes a querete y aceptarte, a dejar de sufrir por las cosas que en su mayoría no aceptas pues no las reconoces como tal, y de las cuales no eres culpable pues son heridas que cargas desde pequeño. Recordemos que al ser pequeños, tu cerebro evita que te sientas lastimado, por lo tanto se configura y protege con escudos imaginarios para resguardarte de ser herido, al crecer no reconoces esto pues has vivido por muchísimos años con este comportamiento, estas tan acostumbrado a ser así, que simplemente no puedes visualizar dichas actitudes en ti.

– lagrimas de sangre

El intentar romper los patrones es un proceso doloroso pues pulsas esos “botones” que reviven las heridas de la infancia, al hacerlo quedas expuesto, te invade un sentimiento de vulnerabilidad, de soledad. Lloras, lloras como nunca antes lo hiciste porque ese niño herido esta sufriendo de nuevo, y ha sufrido por tanto tiempo, debes adoptarlo, curarlo y entenderlo, pero liberarlo de eso que no fuiste ni causante, ni culpable. Al entenderlo y procesarlo haces que dichas heridas pierdan el poder sobre ti, al perder poder sobre ti creces como persona, al crecer como persona educas mejor a tus hijos, al educarlos bien, ellos serán adultos sin esas heridas por lo tanto serán mejores padres. ¿Quien no quiere lo mejor para sus hijos? ¿Quien no estaría orgulloso de tener buenos hijos? Este es el mejor consejo que puedas recibir, entonces definitivamente vale la pena el sacrificio.

Por: Alejandro Ojeda

Para: Narcisistas al Descubierto

En honor a mis hijos: Danna, Darla, Adrián.❤

Bibliografia: Narcisismo de Joseph Burgo. Experiencia personal.

Publicado por Ojedatatt2

Espacio de información sobre el trastorno Narcisista de la personalidad y psicopatía.

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