LA PULSIÓN DE MUERTE

Por Sigmund Freud

“Sólo previendo mi muerte percibo mi finitud como irremisible y hago de esta anticipación una capacidad de referirme y dirigirme hacia el final, pero también en mi dolor está ya presente, lo que por ser mi futuro es mí verdadero presente, la verdad de mí muerte que soy”

H. Mujica (monje y poeta argentino)

Comenzaremos aclarando los conceptos de agresividad y pulsión de muerte. Muchas veces se entiende y se cree que la agresividad es la pulsión de muerte, pero no es así, puesto que la agresividad es necesaria para la libido y por tanto, es parte de lo que Freud llamará nuevo reagrupamiento de las pulsiones, las pulsiones de vida (Eros). Por Ej., a veces es necesario golpear a alguien para seguir viviendo, o el acto de comer, que es una conducta que desgarra, por tanto agresiva, lo que está a la base es seguir viviendo, etc.

Lo que sucede es que la agresividad sí puede ser una manifestación de la pulsión de muerte. En realidad, según Freud, es que la pulsión de muerte tiene que ver con una tendencia a volver a un estado anterior, es decir, una tendencia regresiva. Por esto recién en (1919-1920), Freud comienza a darle forma real al concepto de regresión. Y nos propone que las pulsiones, particularmente la pulsión de muerte, tienen
un carácter regresivo y que dicha pulsión tiene la necesidad de restablecer un estado anterior.


Desde esta mirada, la vida empuja, impulsa hacia delante; y la muerte es una tendencia retrógrada, cuya finalidad es llegar a lo inorgánico, es decir, llegar a un estado de distensión. Vale decir: Ha de ser más bien un estado antiguo, inicial, que lo vivo abandonó una vez y al que aspira regresar por todos los rodeos de la evolución. Si nos es lícito admitir como experiencia sin excepciones que todo lo vivo muere, regresa a lo inorgánico, por razones internas, no podemos decir otra cosa que esto: la meta de toda vida es la muerte; y, retrospectivamente: lo inanimado estuvo ahí antes que lo vivo. (Freud, 1920, Pág. 38) Y éste estado, que se puede comparar con el estado de nirvana, pero que en la realidad no existe, pues lo que sí existe es que en la medida que la pulsión de muerte realiza su actividad, lo que va haciendo es descomponer los agregados de la vida, entonces, lo que hace la pulsión de muerte es provocar desagregación, y al hacerlo, aquello que fue orgánico, es decir, que estaba constituido como organización determinada se va transformando en el caos y por consiguiente, en la oscuridad de la muerte.

Plantea que para que la vida pueda mantener los agregados vitales, debe haber movimiento; y movimiento en psicoanálisis significa conexión entre los objetos, entre ellos, desde el psicoanálisis, también es la conexión sexual. Con lo antes mencionado Freud saca algunas conclusiones; primero, que la vida es un accidente; y segundo, la muerte es previa a la vida; y entonces, por consiguiente, el odio viene antes que el amor. Así, cabe preguntarse ¿Por qué el odio está vinculado a la muerte? Es porque el odio realiza el mismo trabajo que realiza la muerte. Digámoslo así, el odio es una manifestación de la muerte, pues realiza el desagregado de la vida.
La muerte entonces va generando desagregación, y con ello va generando a su vez un proceso de regresión.

Por Ej., supongamos que existe una pareja que vive feliz, en la medida que se puede ser feliz, pero mediante los conflictos esta pareja se separa, lo cual sería un desagregado de la vida Entones, al existir una desagregación, quiere decir que en esta pareja se introdujo a la muerte, llevó a los dos miembros de la pareja al estado anterior, cuando no eran pareja; es decir, a la soledad, a un estado antecesor, a una regresión propiamente tal.

Regresión hacia la soledad, pero una soledad con la carga, con la sombra del objeto perdido, con la nostalgia, la carga de la nostalgia en la soledad. Pero si continuamos con el ejemplo, va existir otro desagregado más, pues al
introducirse la muerte en el accidente de la vida, la va corroyendo, la va enfermando, la va desviando, por así decirlo, del objetivo. Entonces, si una de aquellas personas del ejemplo que estamos analizando, se separó e intenta tener otra pareja y se separa nuevamente y así siempre, llegará a un punto tal en que la soledad será tan potente y las cargas nostálgicas que ha tenido que recibir su aparato mental, pueden ser tan terribles, que la persona se elimina a sí misma, es decir, se desagrega del mundo, se separa del mundo y vuelve a un estado inorgánico anterior.

La característica que tiene este estado de distensión, es ser una distensión, pero sin vida, que Kierkeggard citado en Cataldo (2005) denomina ‚silencio de la muerte‛, o a lo que también A. Green citado en Brito (2000) ha llamado el “trabajo de lo negativo”, el trabajo de desobjetalización propio de la pulsión de muerte.


Muchas de estas cosas que especula Freud con la pulsión de muerte parecen obvias, pero más allá de eso, desde el punto de vista clínico, son muy importantes, puesto que en pacientes que sufren algún tipo de dolencia psicológica se puede escuchar la muerte, y una de las capacidades que debe lograr un terapeuta es aprender a escuchar la muerte. Y, ¿Cómo se escucha a la muerte? Si el mismo Freud dice la labor de la pulsión de muerte es silenciosa, justamente se puede escuchar el sonido de la muerte en los silencios de los pacientes, donde no hay alternativa, donde el silencio instala a la muerte.


Estos son los elementos interesantes desde el punto de vista clínico que ofrece Freud con el concepto de pulsión de muerte. Otra forma de observar la muerte en los pacientes es observar la repetición. En su actividad psíquica la muerte es repetición, es ahí donde Freud acuña el concepto de compulsión a la repetición, la repetición es la que provoca el desagregado de la vida, puesto que uno repite cosas de tiempos anteriores, regresivos.

La compulsión a la repetición, está presente en todos los sujetos, siempre se intenta repetir la experiencia anterior. Es decir, nos desagregamos, puesto que repetimos un estado en el cual estábamos solos. Aquello que nosotros hemos construido a veces queremos destruirlo. Y esto, como dice Freud, no es pura especulación, sino uno de los avances psicoanalíticos más importantes.

“Duelo y melancolía. Complemento del Narcisismo.”

Referencias: Freud, S. 1915. Trabajos sobre metapsicología, duelo y melancolía. Tomo XIV. Buenos Aires: Amorrortu.
Freud, S. (1920). Más allá del principio del placer. Tomo XVII. Buenos Aires: Amorrortu.
Cataldo, G. (2005).

Por: Alejandro Ojeda

Publicado por narcisistasaldescubierto

Espacio de información sobre el trastorno Narcisista de la personalidad y psicopatía.

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