ASESINOS SERIALES: “LA MATAVIEJITAS”

Juana Barraza Samperio alias la Mataviejitas.

El primer asesinato atribuido a la Mataviejitas fue cometido a fines de los años 90, aún cuando la serie de asesinatos comenzó presuntamente el 17 de noviembre de 2003.

Se ha estimado que el número total de sus víctimas es de entre 42 y 48.

Todas las víctimas de la asesina eran ancianas (60 años o más), quienes en su mayoría vivían solas. Sus asesinatos fueron provocados por golpes, heridas de armas punzocortantes o estrangulación, con robos materiales a las víctimas inmediatamente después de ser asesinadas.

Pero primero conozcamos a profundidad la vida de esta asesina serial, como fue su infancia, a que se dedicaba cuando no asesinaba, cuál fue el detonante que la orilló a matar …

Juana Barraza Samperio nació a las 8:30 horas, el viernes 27 de diciembre de 1957 en el municipio de Epazoyucan, Hidalgo, México. Sus padres fueron Trinidad Barraza Ávila y Justa Samperio, quienes nunca se casaron, viviendo en unión libre por cuatro o cinco años.

Con conocimientos de enfermería y supuesta adoradora de la Santa Muerte, Barraza se dedicó también en algunas ocasiones a la lucha libre bajo el seudónimo de “La Dama del Silencio” como también a la venta de palomitas de maíz afuera de la arena de lucha libre.

La Dama del silencio. Papel que caracterizaba Juana Barraza Samperio arriba del cuadrilátero.

Barraza se ha transformado en uno de los casos más interesantes dentro de la historia criminal en México, ya que durante muchos años se mantuvo la comisión de sus crímenes sin ser capturada, y por la semejanza de su modus operandi con el de famosos asesinos en serie de otros países, como Thierry Paulin.

Durante la cacería de la asesina, Bernardo Bátiz, entonces Procurador de Justicia de la Ciudad de México, había indicado que el homicida tenía “una mente brillante; era muy sagaz y cuidadoso” (creyéndose hasta ese momento que se trataba de un hombre y no de una mujer), y que cometía sus crímenes después de un corto período durante el cual se ganaba la confianza de sus víctimas. Los oficiales que investigaban el modus operandi del asesino sospecharon que el asesino se presentaba ante sus víctimas como trabajador social del gobierno, ofreciendo programas de beneficencia para personas de la tercera edad.

“El detonante”

Juana Barraza Samperio tuvo una infancia disfuncional marcada por el asesinato de su hermano mayor y por una madre alcohólica que la “regalaba” al mejor postor para que abusasen sexualmente de ella a cambio de unas cuántas cervezas.

Palabras de Juana Barraza: “Cuando tenía 11 años mi mamá le dijo a un señor que era joven, pero yo tenía 11 años y para mí era un señor de 26 años. “Dame unas cervezas y te llevas a mi hija”, contaba Juana. Y recordaba que “cuando él abusó de mí, me tuvo que amarrar en la cama para poderme tocar”.

El trauma ocasionado por la violación durante su niñez parece haber sido el factor clave para la realización de sus crímenes. En casos aislados, se encontró evidencia de abuso sexual en las víctimas. Aparentemente, Barraza asociaba a las ancianas con su madre, creyendo que ayudaba a la sociedad asesinándolas.

Poco más se sabe de la vida de Juana salvo que, hasta que cometió los asesinatos, estudió enfermería, o al menos, adquirió ciertos conocimientos médicos, trabajó en el comercio, como la venta de palomitas de maíz, en la arena de lucha libre dónde ella también luchaba.

Una vez que salía del cuadrilátero, Juana se disfrazaba de enfermera o de trabajadora social del Gobierno, y se ganaba la confianza de mujeres de la tercera edad que vivían solas. Para que el engaño surtiera efecto, la criminal llevaba siempre consigo un estetoscopio y un carnet falso, y animaba a sus víctimas a que se apuntaran a un programa social para personas mayores. Todas las víctimas abrían la puerta sin vacilar, pero una vez en el interior Juana actuaba con gran violencia.

En el transcurso de las actividades criminales del asesino, las autoridades policiacas fueron duramente criticadas por los medios de comunicación puesto que, todavía a finales del 2005, asumían un «sensacionalismo mediático» respecto a un asesino en serie. Asimismo, se criticó el hecho de que el asesino era buscado, tal vez inútilmente, entre las prostitutas y/o travestis de la Ciudad de México. Entonces, la policía suponía (debido a reportes de testigos) que se trataba de un hombre que se vestía de mujer para obtener el acceso a las viviendas de sus víctimas. En alguno de los casos, se reportó que se había visto a una mujer corpulenta vestida con una blusa roja.

La búsqueda del asesino fue complicada debido al cúmulo de evidencias contradictorias.

En un punto de la investigación, la policía conjeturó que eran dos asesinos los que podrían estar implicados. También se puso singular atención en la extraña coincidencia de que por lo menos tres de las víctimas del asesino poseían una copia de una pintura de 1888 Niño en Chaleco Rojo, del artista francés Paul Cézanne. Curiosamente, antes de la captura de la presunta asesina, las autoridades mexicanas divulgaban declaraciones de testigos que señalaban que el asesino usaba ropa de mujer para acceder a los apartamentos de las víctimas.

El modus operandi era muy similar en todos los asaltos:

La asesina golpeaba fuertemente a las ancianas, en ocasiones también las apuñalaba y abusaba sexualmente de ellas, y para cerciorarse de que estaban muertas, terminaba por estrangularlas con el estetoscopio. Después, desvalijaba la vivienda y huía sin dejar rastro.

En uno de los casos, uno de los testigos observó a una mujer grande con una blusa roja salir del hogar de una de las mujeres asesinadas. Esto fue bastante interesante para los criminólogos, forenses y detectives puesto que había grandes paralelos entre el comportamiento del asesino/asesina y Thierry Paulin.

Bajo ese contexto, se atribuyó al homicida (presumiblemente varón) la posibilidad de una doble personalidad. Otra observación interesante hecha por los investigadores fue la extraña coincidencia de que algunas de las víctimas eran de origen español. Además, se hizo un retrato robot del sospechoso gracias a los datos recopilados y se fabricó una especie de busto de arcilla con su rostro.

La primera víctima (comprobable) de Juana, fue María de la Luz González Anaya, de 64 años, asesinandola el 25 de noviembre de 2002. Cuatro meses después mató a Guillermina León, de 84 años, y hasta diciembre de 2005, la mexicana cometió otros 46 asesinatos más, en función de los datos policiales recopilados. El último se produjo el 25 de enero de 2006 cuando apuñaló y estranguló a Ana María de los Reyes Alfaro, de 84 años. Sin embargo, el inquilino de la anciana (la homicida creía que vivía sola) entró en el preciso instante de su huida.

Momento de la captura de Juana Barraza Samperio alias la mataviejitas.

Para sorpresa de los mexicanos que estaban en el entendido de que el asesino era hombre, la persona detenida fue Juana Barraza Samperio, de entonces 48 años. Los testigos de anteriores escenas del crimen, bien mencionaron haber visto a una mujer con apariencia masculina.

Barraza se asemejaba bastante al modelo de arcilla anteriormente elaborado, y que describía las características faciales del asesino: persona de cabello tupido, teñido de color rubio y rostro de facciones duras. Al ser detenida portaba un estetoscopio, formas de solicitud de pensión para ancianos y una tarjeta que la identificaba como trabajadora social.

Preliminarmente, la policía de la ciudad de México no pudo detenerla antes, ya que no se contaban con huellas dactilares completas que pudieran dar la identidad de la asesina.

Al momento de ser capturada, la presunta asesina confesó haber asesinado a la anciana Ana María de los Reyes Alfaro y a otras tres mujeres, pero negó estar implicada en el resto de los diez asesinatos (de entre los cuarenta que se le sospechaban) que los fiscales la implicaban a través de las similitudes en la ejecución.

Comentó a los reporteros que había visitado la casa de Ana María de los Reyes Alfaro en búsqueda de trabajo como lavandera. Llamó al timbre y al abrirse la puerta, Ana María se encontró a una mujer sonriente: llevaba su arma a plena vista; un estetoscopio colgado del cuello y una identificación de asistente social en la mano. La anciana dejó pasar a la desconocida, pero en cuanto esta entró, la golpeó fuertemente en la cabeza, la apuñaló con fiereza y terminó por estrangularla con el aparato médico. Aquella desconocida fue detenida poco después: se trataba de la deportista de lucha libre Juana Barraza

Tras años manteniendo en jaque a las autoridades y dejando un reguero de sangre en la Ciudad de México, Barraza fue juzgada en la primavera del 2008, la fiscalía la acusó de 40 homicidios. Ella admitió ser culpable del asesinato de Ana María de los Reyes y declaró que su motivo para matar había sido el rencor acumulado hacia su madre.

Barraza fue condenada en 2008 a 759 años de prisión, la condena más larga en la historia de México.

Juana Barraza entró en la cárcel de Santa Martha Acatitla donde no ha dejado de defender su inocencia, tanto que logró convertirse en un icono para el país. Artistas como Amandititita le han dedicado canciones, se han hecho series de televisión y documentales basados en su historia, y periódicos como el Excelsior han obtenido jugosos titulares tras entrevistarla.

Penal de Santa Martha Acatitla. Ubicación: Calzada Ermita Iztapalapa s/n, Colonia Santa Martha Acatitla Delegación Iztapalapa

En 2015, Juana se enamoró de otro recluso y, al poco tiempo, se casaron. El matrimonio duró un año.

“Al vernos, el amor se esfumó”, explicó la presa al pedir el divorcio. Parece ser que el romance había sido meramente epistolar. Tras el fiasco sentimental, ‘La Mataviejitas’ prefiere pasar los días en la cocina de la cárcel y que nadie le hable de amor. Ni siquiera ha dado muestras de arrepentimiento. “Estoy aquí por un error”, sigue insistiendo.

En la cultura popular”

En Mujer casos de la vida real y en Central de abastos se recrearon casos ocurridos durante el tiempo en que estos programas estaban al aire y ocurrían los asesinatos, Juana fue interpretada por la actriz María Prado.

En 2005, el caso fue representado con modificaciones en el capítulo «machismo» de la primera temporada en la serie estadounidense Criminal minds.

En 2006, el escritor Víctor Ronquillo publicó el libro Ruda de corazón: el blues de la Mataviejitas, el cual es un reportaje novelado que narra los asesinatos de Juana Barraza Samperio, la obra es el resultado de una investigación biográfica que llevó a cabo el autor sobre esta mujer.

En 2007, el caso fue llevado con modificaciones a la pantalla chica en el capítulo «El buen samaritano» de la primera temporada de la serie mexicana Capadocia, Juana fue interpretada por la actriz Norma Angélica.

En 2010, en la tercera temporada de la serie de televisión mexicana Mujeres asesinas, un episodio recrea el caso de Juana Barraza Sampeiro, titulado: Maggie, pensionada donde Juana fue interpretada por la actriz Leticia Perdigón.

Asesinos seriales: “La Mataviejitas”. Narcisistas al Descubierto. Mexicali, México.

Por Alejandro Ojeda para Narcisistas al Descubierto

Publicado por Ojedatatt2

Espacio de información sobre el trastorno Narcisista de la personalidad y psicopatía.

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